Origen y desarrollo hasta nuestros días
András Kun nació en Nyírbátor (Hungría) en 1911. Tras ingresar en la Orden de los Frailes Menores (O.F.M.), realizó sus estudios iniciales de filosofía y teología en su país natal. En 1938, fue enviado a Roma para proseguir su instrucción académica en el Pontificium Athenaeum Antonianum.
En marzo de 1944, la Alemania nazi ejecutó la Operación Margarethe, ocupando militarmente Hungría para evitar su salida del Eje. El gobierno de Sztójay legalizó al Partido de la Cruz Flechada (Nyilaskeresztes Párt) —organización fascista, ultranacionalista y ferozmente antisemita dirigida por Ferenc Szálasi— y colaboró con las SS en la deportación masiva de más de 400.000 judíos de las provincias rurales hacia el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.
A principios de ese mismo año, Kun se afilió formalmente a la Cruz Flechada. Su participación activa se intensificó tras el golpe de Estado de octubre de 1944. Durante este periodo, Kun actuó como un propagandista radicalizado en la capital. Impartió arengas en iglesias como la de Városmajor y pronunció discursos radiofónicos instando a la población a resistir el avance del Ejército Rojo. Vestía la sotana y el cuello romano junto con el brazalete del Partido de la Cruz Flechada y una pistola en el cinturón.
A finales de noviembre de 1944, cuando el Ejército Rojo completó el cerco sobre Budapest y las altas autoridades del gobierno de Szálasi comenzaron a evacuar la ciudad, la capital quedó bajo el control de las milicias de la Cruz Flechada. Kun asumió el mando directo de uno de los escuadrones de la muerte de la Cruz Flechada del Distrito XII (Buda), con centro de operaciones en la calle Városmajor.
Bajo su mando directo, el escuadrón ejecutó una serie de asaltos sistemáticos contra la población judía que permanecía en la ciudad, atacando tanto recintos protegidos como instalaciones médicas:
Las actas del juicio posterior y los testimonios de los supervivientes corroboraron que, al dar la orden de fusilamiento a sus subordinados, Kun utilizaba sistemáticamente la consigna: «¡En el nombre de Cristo, fuego!» («Krisztus nevében tűz!»).
Theodor Innitzer nació en Vejprty (Bohemia) en 1875. Tras completar sus estudios eclesiásticos, obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad de Viena en 1906. Desarrolló una relevante carrera intelectual como catedrático de Exégesis del Nuevo Testamento en la misma institución desde 1913, alcanzando la jefatura de la Facultad de Teología y siendo elegido rector de la Universidad de Viena en 1928.
En septiembre de 1929, asumió el cargo de Ministro Federal de Asuntos Sociales en el gabinete del canciller Johann Schober, responsabilidad que desempeñó hasta 1930. En septiembre de 1932, el papa Pío XI lo nombró arzobispo de Viena. Pocos meses después, fue elevado a la dignidad de cardenal, consolidándose como la máxima figura de la jerarquía católica en Austria.
Este cartel: Trata sobre la llamada «Declaración Solemne» (Feierliche Erklärung) de los obispos católicos austríacos, emitida el 18 de marzo de 1938, en la que la jerarquía eclesiástica de Austria pidió a los fieles votar «SÍ» (Ja) en el plebiscito del 10 de abril de 1938 para respaldar el Anschluss (la anexión de Austria a la Alemania nazi).
El 12 de marzo de 1938, las tropas alemanas cruzaron la frontera e iniciaron la incorporación de Austria al Tercer Reich. Tres días después, el 15 de marzo, el cardenal Innitzer se entrevistó con Adolf Hitler en el Hotel Imperial de Viena. Durante la reunión, el canciller alemán ofreció garantías verbales sobre el mantenimiento de los derechos de las instituciones católicas y el estatus del clero.
Bajo la presión del Gauleiter Josef Bürckel —comisionado del Reich para la integración de Austria— y con la intención de evitar medidas represivas inmediatas contra las escuelas y asociaciones confesionales, el episcopado austríaco redactó una declaración de apoyo al proceso de anexión. El 18 de marzo de 1938, Innitzer y el resto de los prelados firmaron la conocida como Solemnis Declaratio. De su propio puño y letra, Innitzer añadió al pie del manuscrito destinado a la imprenta la fórmula de saludo; «Und Heil Hitler!».
El 6 de abril, L’Osservatore Romano publicó una declaración firmada por Innitzer en nombre de los obispos austríacos, en la que se aclaraba que la manifestación del 18 de marzo no constituía una aprobación de doctrinas incompatibles con el dogma católico ni un aval a injerencias estatales en la jurisdicción de la Iglesia.
Paralelamente, de cara al plebiscito del 10 de abril de 1938, las autoridades eclesiásticas vienesas, dispusieron el repique de campanas y el engalanamiento de los templos con banderas en el marco de la jornada electoral.
Tras el lanzamiento de la Operación Barbarroja en junio de 1941, Innitzer, en consonancia con la postura anticomunista tradicional de la Iglesia, emitió cartas pastorales que interpretaban la contienda contra la Unión Soviética como una lucha defensiva frente al ateísmo de Estado.
Alois Hudal nació en Graz (Austria) en 1885. Tras su ordenación sacerdotal en 1908 y la obtención del doctorado en Teología, se desempeñó como capellán militar durante la Primera Guerra Mundial. En 1917 publicó sus sermones de campaña, en los que defendía la lealtad a la corona como un deber cristiano.
En 1923 fue nombrado rector del Collegio Teutonico di Santa Maria dell’Anima en Roma, la principal institución eclesiástica de formación para el clero de habla alemana en la capital italiana. En junio de 1933 fue consagrado obispo titular de Aela por el cardenal Eugenio Pacelli (entonces Secretario de Estado y futuro papa Pío XII), contando con el respaldo de los episcopados austríaco y alemán.
Un abrazo entusiástico
Tras el ascenso de Adolf Hitler al poder en 1933, Hudal abrazó públicamente la causa del nacionalismo germánico, proponiendo una convergencia doctrinal entre el catolicismo y el nazismo. Esta postura cristalizó en 1937 con la publicación en Viena de su obra Los fundamentos del nacionalsocialismo (Die Grundlagen des Nationalsozialismus), el cual envió a Hitler con una dedicatoria personal. En el texto, Hudal abogaba por un «nacionalsocialismo positivo» que respetara las instituciones educativas eclesiásticas a cambio de lealtad política al Reich.
Tras la liberación de Roma en junio de 1944 y el colapso del Tercer Reich en mayo de 1945, Hudal utilizó su cargo como rector del Colegio Anima, a través de la Pontificia Commissione di Assistenza (PCA), expedía certificados de identidad eclesiásticos a personas que afirmaban ser refugiados o apátridas.
Con estas credenciales eclesiásticas, los solicitantes acudían a la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Roma. El CICR, imposibilitado en la posguerra para realizar verificaciones policiales o judiciales exhaustivas, emitía documentos de viaje para apátridas (pasaportes 101-bis), con los cuales los fugitivos solicitaban visados de inmigración ante consulados extranjeros.
Mediante este procedimiento, Hudal facilitó de forma directa la fuga de destacados perpetradores del Holocausto y criminales de guerra:
Franz Stangl: Comandante de los campos de exterminio de Sobibor y Treblinka. Hudal le proporcionó refugio en Roma, asistencia financiera y la documentación con la que viajó a Siria.
Gustav Wagner: Subcomandante del campo de exterminio de Sobibor.
Alois Brunner: Uno de los principales organizadores de las deportaciones de judíos en Europa Central.
Erich Priebke: Capitán de las SS involucrado en la masacre de las Fosas Ardeatinas en Roma.
En paralelo, existieron otras redes de evacuación independientes organizadas por religiosos en el norte de Italia (como la ruta gestionada en Génova por el franciscano húngaro Eduardo Dömöter, que facilitó el pasaporte a Adolf Eichmann) o por redes tirolesas (que gestionaron la fuga de Josef Mengele), las cuales utilizaban el mismo mecanismo de tramitación ante el CICR.
La visión de Hudal concebía a los antiguos combatientes y oficiales del Eje no como criminales de derecho internacional, sino como «víctimas de la justicia de los vencedores» y defensores de la civilización cristiana frente al avance soviético.
Esta postura quedó documentada en la carta formal que Hudal dirigió al presidente de la República Argentina, Juan Domingo Perón, el 31 de agosto de 1948. En el escrito, el obispo solicitaba la concesión masiva de 5.000 visados de entrada (3.000 para ciudadanos alemanes y 2.000 para austríacos), argumentando que los solicitantes no eran criminales, sino combatientes anticomunistas cuyos sacrificios durante la contienda debían ser preservados de los procesos judiciales de posguerra.
En 1976 se publicaron de forma póstuma sus memorias, tituladas Diarios romanos (Römische Tagebücher). En el texto, Hudal no manifestó arrepentimiento por sus acciones; al contrario, justificó rotundamente la protección dispensada a los fugitivos nacionalsocialistas, definiendo sus gestiones como un acto de caridad cristiana para salvar a oficiales germanos de los campos de internamiento aliados y de los tribunales de posguerra, reafirmando hasta el final de sus días su esquema ideológico pangermánico y anticomunista.
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