Origen y desarrollo hasta nuestros días
DOCTRINA > IMÁGENES Y RELIQUIAS
La veneración de imágenes y reliquias se introduciría en la cristiandad que había asimilado el paganismo. Muy lejos del cristianismo primitivo que adoraba a un Dios único y que seguía el mandamiento bíblico; “No te harás imagen ni semejanza alguna…” (Éxodo 20:4). Pablo, uno de los apóstoles, hizo clara referencia a la devoción a símbolos paganos (2 Corintios 6:14-18).
La predicación y la enseñanza eran orales y basadas en las Escrituras hebreas. Él mismo dijo: “Caminamos por fe, no por vista” (2 Corintios 5:7), subrayando la confianza en el modelo que Jesús estableció. Y no hay indicios de que los cristianos primitivos veneraran imágenes de santos o mártires. Ellos vivían rodeados de un mundo donde estatuas de dioses poblaban templos, calles y casas, y para ellos, las imágenes estaban demasiado asociadas con el culto pagano.
La veneración de imágenes y reliquias (restos de santos, mártires y objetos relacionados con ellos) comenzó a ganar terreno en el siglo III y alcanzó su apogeo en los siglos IV-V, cuando la cristiandad, ya establecida, fomentó dicha veneración como una forma de conectar a los fieles con lo sagrado. Esto incluyó la construcción de iglesias sobre las tumbas de los mártires, y las reliquias se convirtieron en elementos importantes de la devoción religiosa.
Con la legalización del cristianismo, muchos conversos provenían del paganismo… y traían consigo costumbres visuales: estatuas, frescos, símbolos. A partir de entonces, el uso de imágenes (iconos, estatuas, pinturas) comenzó a generalizarse.
La búsqueda de riqueza se manifestó en el culto a los objetos sagrados. Constantino mandó a su madre, Helena, a Tierra Santa para localizar lugares y buscar reliquias (como la supuesta cruz de Cristo o los restos de los Reyes Magos).
Los objetos se llevaban a iglesias y catedrales, donde eran venerados. Eso trajo consigo templos cada vez más grandes y decorados. El mensaje era claro: ‘Dios está aquí… en este templo’.
Los templos las exhibían
Esto se convirtió en un gran negocio, donde las reliquias se compraban a buen precio. Muchos templos medievales, como la Catedral de Santiago y la Sainte-Chapelle de París (que albergó la supuesta corona de espinas), nacieron con el fin de guardar y exhibir reliquias, despertando oleadas de fervor popular y facilitando donativos por parte de peregrinos ricos.
El conflicto por las imágenes muestra una oscilación documental. En el siglo VIII, en el Imperio bizantino, se desató una feroz disputa; ¿Es lícito usar imágenes en el culto cristiano? Algunos destruyeron iconos (iconoclastas), mientras otros los defendían como medios para honrar a Dios (iconódulos). Primero se rechazaron en el año 730 E.C. (Constantinopla), para luego ser reincorporadas en el 787 E.C. (Nicea) y reafirmadas finalmente en el 842 E.C. (Constantinopla).
Con el tiempo se empezó a rendir veneración a personas consideradas santas. Surgió la costumbre de pedir su intercesión, y con ello llegaron imágenes, estatuas y relicarios. ¡A más santos, más imágenes!
Cada santo tenía su especialidad: San Antonio para encontrar cosas, Santa Rita para causas imposibles, etc. La veneración de los santos se convirtió en una forma de «cristianizar» las antiguas creencias de múltiples dioses y héroes.
Se comenzó a enseñar que los santos podían interceder por los fieles ante Dios. La devoción a la Virgen María también creció, y en el siglo V, se comenzó a enseñar la doctrina de la inmaculada concepción (la idea de que María nació sin pecado original). La veneración de los santos y de María se consolidó como una práctica central en la cristiandad durante la Edad Media.
Los cristianos primitivos se centraban en la Palabra de Dios, no en objetos; Jesús no dejó imágenes. Sin embargo, el cambio fue progresivo:







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