Origen y desarrollo hasta nuestros días
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Durante el reinado de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, la Iglesia desempeñó un papel central en la unificación política, social y religiosa de España. La colaboración entre Iglesia y Estado permitió la reconstrucción de Castilla y la consolidación de un poder centralizado. La Iglesia española no solo apoyó la causa monárquica, sino que también asumió una función moralizadora y disciplinaria.
Fray Hernando de Talavera (confesor real) y el cardenal Cisneros (regente del Reino) fueron figuras clave en este proceso. Órdenes religiosas como los benedictinos, franciscanos etc. se revitalizaron, con apoyo de la Corona, alcanzando gran influencia.
La culminación religiosa y militar del reinado fue la toma de Granada (1492). Fue una cruzada legitimada por el Papa, financiada en parte con las “bulas de cruzada” y apoyada masivamente por el clero. La victoria supuso el cierre del ciclo de la Reconquista y el inicio de una nueva etapa.
Los Reyes Católicos obtuvieron del papado el derecho al Patronato Real, lo que les permitió presentar candidatos a cargos eclesiásticos en los nuevos territorios (Granada, Canarias, América). Este sistema, consolidado por la bula Ortodoxae fidei (1486), institucionalizó la colaboración Iglesia-Estado
A partir de 1391, los judíos fueron víctimas de violentos pogromos en varias ciudades de España. Durante estos ataques, las turbas enfurecidas destruyeron propiedades judías, mataron a miles de personas y forzaron a muchos a convertirse al ‘cristianismo’. Esta situación llevó a un número significativo de judíos a convertirse en un proceso conocido como los «conversos». Sin embargo, la sospecha hacia estos nuevos ‘cristianos’, llamados «marranos», nunca desapareció, ya que se les acusaba de seguir practicando el judaísmo en secreto.
En 1492 los Reyes Católicos decretaron la Expulsión de los Judíos, el mismo año en que completaron la Reconquista con la caída de Granada. El edicto ordenaba que todos los judíos que no se convirtieran al ‘cristianismo’ debían abandonar el reino. En total, se estima que alrededor de 100.000 a 200.000 judíos fueron forzados a salir de España, aunque algunos se convirtieron al cristianismo para evitar la expulsión.
Los musulmanes
Al igual que en el caso de los judíos, con la consolidación del poder de la Iglesia en España, los musulmanes fueron sometidos a presiones para que se convirtieran al ‘cristianismo’. Tras la caída de Granada en 1492, los Reyes Católicos ordenaron la conversión forzosa de los musulmanes a ‘la fe cristiana’, aunque muchos lo hicieron a regañadientes y bajo amenaza de muerte. Estos musulmanes convertidos pasaron a ser conocidos como moriscos.
En 1478, los Reyes Católicos, establecieron la Inquisición con el objetivo de mantener la pureza de la fe católica en los territorios recién unificados. Los inquisidores fueron enviados para investigar a los conversos y castigar a aquellos que se consideraba que seguían practicando el judaísmo en secreto. Esto resultó en la tortura y ejecución de muchos judíos y conversos.
La Inquisición en España jugó un papel crucial en la represión de las ideas reformistas y en el control del pensamiento. Las obras de pensadores como Erasmo de Rotterdam o los humanistas protestantes fueron prohibidas, y las ideas filosóficas y científicas que desafiaban la doctrina oficial de la Iglesia Católica fueron fuertemente perseguidas. Este control estricto de las ideas contribuyó a la autarquía intelectual en España, limitando el acceso a los avances científicos y filosóficos que se estaban produciendo en el resto de Europa.
La Contrarreforma fue una respuesta de la Iglesia Católica a la Reforma Protestante, y uno de sus principales objetivos fue reafirmar su autoridad sobre la vida política, social y cultural. La Monarquía de los Reyes Católicos y la posterior dinastía de los Austrias adoptaron un enfoque muy conservador para asegurar que España permaneciera fiel al catolicismo. La Iglesia asumiría un rol central y España se convertiría en un baluarte de la fe católica, pero al mismo tiempo un aislamiento del dinamismo intelectual de Europa.
A diferencia de los países protestantes, donde la Reforma favoreció el pensamiento crítico, el estudio de las lenguas clásicas y el acceso a nuevos conocimientos, en España la Contrarreforma se enfocó en fortalecer la unidad religiosa y la ortodoxia católica, lo que resultó en un entorno mucho más restrictivo para las ideas innovadoras y el desarrollo intelectual.
En lugar de producir un arte que desafiara las convenciones, las Iglesias y monarquías españolas utilizaron el arte como una herramienta para reforzar la fe y la autoridad de la Iglesia. La religión dominaba las temáticas artísticas, y muchas de las obras maestras creadas durante este período eran encargadas por instituciones religiosas que promovían el arte como medio de enseñanza y persuasión, en lugar de una forma de expresión cultural libre y experimental.







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