Origen y desarrollo hasta nuestros días
NOMBRE DIVINO >SUPERSTICIÓN
En algún momento surgió entre los judíos la idea supersticiosa de que era incorrecto hasta pronunciar el nombre divino (representado por el Tetragrámaton).
No se sabe a ciencia cierta qué base hubo originalmente para dejar de pronunciar el nombre. Hay quien cree que surgió la enseñanza de que el nombre era tan sagrado que no lo debían pronunciar labios imperfectos.
En las mismas Escrituras Hebreas no se observa que ninguno de los siervos verdaderos de Dios tuviese reparos en pronunciar su nombre. Los documentos hebreos no bíblicos, como, por ejemplo, las llamadas Cartas de Lakís, muestran que en Palestina el nombre se usaba durante la última parte del siglo VII a. E.C.
Muchas obras de consulta dicen que el nombre dejó de emplearse alrededor del año 300 a. E.C. Se cita como prueba la supuesta ausencia del Tetragrámaton (o una transliteración de este) en la Septuaginta, traducción griega de las Escrituras Hebreas que se inició alrededor de 280 a. E.C. Es cierto que los manuscritos más completos de la Septuaginta que se conocen en la actualidad sustituyen sistemáticamente el Tetragrámaton por las palabras griegas Ký·ri·os (Señor) o The·ós (Dios), pero estos manuscritos importantes solo se remontan hasta los siglos IV y V E.C.
Con el tiempo, el lector judío empezó a utilizar los términos ʼAdho·nái (Señor Soberano) o ʼElo·hím (Dios) en sustitución del nombre divino representado por el Tetragrámaton, y así evitaba pronunciarlo cuando leía las Escrituras Hebreas en el lenguaje original. Así debió ocurrir, pues cuando empezaron a usarse los puntos vocálicos en la segunda mitad del I milenio E.C., los copistas judíos insertaron en el Tetragrámaton los puntos vocálicos de ʼAdho·nái o de ʼElo·hím, seguramente para advertir al lector de que pronunciara esas palabras en lugar del nombre divino.
Basándose en esta superstición, muchos traductores de la Biblia decidieron eliminar el nombre divino de las Escrituras. Lo sustituyeron por títulos como Dios o Señor, expresiones que en la Biblia se usan no solo para referirse al Creador sino también a hombres, a objetos de adoración falsa y hasta al Diablo (Juan 10:34, 35; 1 Corintios 8:5, 6; 2 Corintios 4:4).
La Vulgata Latina
Las traducciones a otros idiomas, como la Vulgata latina (siglo IV E.C y V), siguieron el ejemplo de las copias posteriores de la Septuaginta. Por esta razón, la versión Scío, basada en la Vulgata, no contiene el nombre divino, aunque sí lo menciona en sus notas (La Vulgata latina, que fue durante siglos la traducción oficial de la Biblia de la Iglesia Católica, sustituyó el tetragramatón por «Dominus, Señor”. Este uso influyó en las traducciones posteriores, creando una tradición teológica donde el nombre personal de Dios quedó relegado o eliminado).
Jerónimo, el autor de la Vulgata latina, dice en su prólogo a los libros de Samuel y Reyes: “Y hallamos el nombre de Dios, el Tetragrámaton [יהוה], en ciertos volúmenes griegos aun en la actualidad expresado con las letras antiguas”. En una carta escrita en Roma en 384 E.C., Jerónimo dice: “El noveno [nombre de Dios es] tetragramaton, que los hebreos tuvieron por [a·nek·fṓ·nē·ton], esto es, ‘inefable’, y se escribe con estas tres letras: iod, he, uau, he. Algunos no lo han entendido por la semejanza de estas letras y, al hallarlo en los códices griegos, escribieron de ordinario πι πι [letras griegas que corresponden a las romanas pi pi]”. (Cartas de San Jerónimo, Carta 25 a Marcela.)
De modo que los llamados cristianos que “reemplazaron el Tetragrámaton por Ký·ri·os” en las copias de la Septuaginta no fueron los discípulos primitivos de Jesús, sino personas de siglos posteriores, cuando la predicha apostasía estaba bien desarrollada y había corrompido la pureza de las enseñanzas cristianas. (2Tesalonicences 2:3; 1Timoteo 4:1.)
La gran mayoría de las Biblias católicas contemporáneas han optado por la ausencia del nombre «Jehová», sustituyéndolo por títulos genéricos como «Señor» o «Dios». Esta decisión, aunque oficialmente justificada por la «tradición litúrgica y respeto al nombre divino», es un acto de alteración que ha diluido una de las revelaciones más personales de las Escrituras.
Un artículo de ACI Prensa titulado “Vaticano exige retirar de librerías romanas estampas de Juan Pablo II con ‘bendición’ de Jehová”, publicado el 23 de abril de 2014. En la propia pieza se explica que la Librería Editrice Vaticana pidió retirar unas estampas de Juan Pablo II porque incluían en español una cita de Números 6,24-26 con el nombre “Jehová” en lugar de “El Señor” (hemeroteca de ACI Prensa es el artículo con ID 50122).
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