Cristianismo o cristiandad

Origen y desarrollo hasta nuestros días

El canon bíblico y los libros apócrifos

¿Qué es el Canon bíblico?

Para determinar qué libros pertenecen legítimamente a la Biblia y cuáles son apócrifos, los investigadores se basan en el concepto del “canon bíblico”.

La palabra «canon» proviene del término hebreo “qanéh” (caña), que se utilizaba como regla o instrumento de medir (Ezequiel 41:8). Por extensión, el canon bíblico es el catálogo de libros inspirados que sirven como regla para medir la fe, la doctrina y la conducta.

Caña de medir judía de tiempos bíblicos

Libros apócrifos

Flavio Josefo (historiador del primer siglo)
Flavio Josefo (historiador del primer siglo)

Entre los siglos cuarto y segundo antes de nuestra era, los escritores del Pentateuco Samaritano insertaron después de Éxodo 20:17 las palabras “en el Monte Guerizim. Y construirás allí un altar”.

De este modo, los samaritanos quisieron hacer que las Escrituras apoyaran su construcción de un templo ahí mismo, en el Monte Guerizim.
No se puede precisar con exactitud cuándo se escribieron, pero se sabe que no fue antes del siglo II o III a. E.C.

A continuación, se detallan los criterios y diferencias fundamentales que distinguen a un libro canónico de uno apócrifo:

El origen y la época de redacción

El canon de las Escrituras Hebreas se cerró en el siglo V a. E.C., tras la labor de Esdras y Nehemías. Para ese tiempo, ya se habían redactado todos los libros inspirados desde Génesis hasta Malaquías.

La mayoría de estos escritos aparecieron mucho después, entre los siglos II y I a. E.C. El historiador judío Josefo (siglo I E.C.) explicó que, aunque los judíos escribieron otros libros después del tiempo de Artajerjes, estos no tenían la misma autoridad que los anteriores porque «ya no hubo una sucesión exacta de profetas».

El testimonio de Jesús y los apóstoles

Jesús y los escritores de las Escrituras Griegas Cristianas citaron cientos de veces las Escrituras Hebreas, refiriéndose a ellas como «la Palabra de Dios» o «la Escritura».

Ni Jesús ni ningún escritor bíblico inspirado citó jamás de los libros apócrifos. Aunque estos libros estaban incluidos en algunas copias de la “Septuaginta” (traducción al griego de las Escrituras Hebreas), los escritores cristianos nunca los reconocieron como parte del registro inspirado.

Evidencia interna: armonía y exactitud

Evidencia interna: armonía y exactitud

Los 66 libros del canon bíblico, presentan una armonía interna asombrosa a pesar de haber sido escritos por unos 40 hombres a lo largo de 1,600 años. No contienen errores históricos o geográficos demostrables.

Libros apócrifos

Contienen numerosas inexactitudes y contradicciones. Por ejemplo:

  • Judit: Contiene errores geográficos e históricos elementales, como situar a Nabucodonosor como rey de los asirios en Nínive, cuando fue rey de los caldeos en Babilonia.
  • 2 Macabeos: El propio autor admite al final del libro que su obra podría ser «imperfecta y mediocre», una confesión que ningún escritor inspirado por Dios haría (2 Macabeos 15:37, 38, Biblia de Jerusalén).
  • Doctrinas contrarias: Algunos fomentan prácticas que contradicen el resto de la Biblia, como la oración por los muertos o la salvación mediante limosnas.

El papel de la Vulgata Latina y Jerónimo

Durante siglos, la Iglesia Católica enseñó que la Vulgata Latina era el texto auténtico. Sin embargo, Jerónimo, el traductor de dicha versión (completada hacia el 405 E.C.), fue el primero en usar el término «apócrifo» para referirse a los libros que no formaban parte del canon hebreo. Jerónimo mantuvo una postura firme: esos libros no debían usarse para establecer doctrinas. No fue sino hasta el Concilio de Trento (1546) que la Iglesia Católica declaró oficialmente que estos libros (llamados por ellos «deuterocanónicos») eran parte del canon, principalmente para contrarrestar los argumentos de la Reforma.

La labor de recopilar y catalogar los libros que componen las Escrituras Hebreas recayó en eruditos y líderes judíos fieles, bajo la dirección del espíritu de Dios. Este proceso no fue una decisión arbitraria, sino el reconocimiento de escritos que ya poseían autoridad divina.

A continuación, se detalla cómo se llevó a cabo este proceso y quiénes intervinieron:

Jerónimo hizo la Vulgata 'latina' en el siglo IV
Jerónimo hizo la Vulgata 'latina' en el siglo IV

El papel fundamental de Esdras y Nehemías

La tradición judía y la evidencia histórica señalan que el canon de las Escrituras Hebreas quedó establecido a finales del siglo V a. E.C.

  • Esdras: Fue un sacerdote, erudito y «copista experto» de la ley de Dios (Esdras 7:6). Se le atribuye haber comenzado la labor de compilar y catalogar los libros inspirados. Su preparación y celo por la adoración pura lo hacían la persona idónea para esta tarea.
  • Nehemías: Como gobernador, colaboró en esta labor. Se cree que él completó la recopilación que Esdras había iniciado.

La Gran Sinagoga

Después del regreso del exilio en Babilonia, surgió una asamblea de eruditos conocida como la “Gran Sinagoga”.

A este grupo de expertos se le reconoce históricamente como los responsables de poner en orden el canon de las Escrituras Hebreas para los judíos de Palestina.

Se dice que esta asamblea comenzó en los días de Esdras y Nehemías y continuó hasta aproximadamente el siglo III a. E.C.

Esdras, fue un escriba las Escrituras
Esdras, fue un escriba de las Escrituras

El testimonio de Josefo y el fin de la profecía

El historiador judío Flavio Josefo, en el siglo I E.C., confirmó que el canon judío estaba cerrado desde mucho tiempo atrás. Explicó que los judíos solo aceptaban como divinos 22 libros (que corresponden a los 39 de nuestras Biblias actuales debido a una agrupación diferente).

Josefo señaló que después del reinado de Artajerjes (siglo V a. E.C.), se escribieron otros libros, pero no se consideraron con la misma autoridad porque «ya no hubo una sucesión exacta de profetas». Esto indica que los eruditos judíos no «inventaron» el canon, sino que reconocieron que la inspiración profética había cesado tras Malaquías.

Asamblea de eruditos conocida como la Gran Sinagoga
Asamblea de eruditos conocida como la Gran Sinagoga

El proceso de canonización y los concilios

A menudo se menciona un concilio de eruditos judíos en Jamnia (alrededor del año 90 E.C.). Es importante aclarar su función:

  • Este concilio ‘no creó’ el canon. Para ese tiempo, los libros inspirados ya eran aceptados y utilizados por Jesús y los apóstoles.
  • Lo que hicieron estos eruditos fue confirmar la exclusión de los libros apócrifos y discutir la canonicidad de ciertos libros que ya estaban dentro del canon (como Ester o Eclesiastés), reafirmando la postura tradicional judía frente a nuevas corrientes de pensamiento.

Aunque hombres como Esdras y los miembros de la Gran Sinagoga realizaron el trabajo físico de recopilación y preservación, el factor determinante fue la guía divina. Tal como Dios inspiró a los escritores, también dirigió la compilación de sus escritos para asegurar que su Palabra permaneciera completa y sin añadiduras humanas para las generaciones futuras.

Concilio de Cártago

En el Concilio de Cartago, en 397 E.C., se propuso que siete de los libros apócrifos fueran añadidos a las Escrituras Hebreas, junto con añadiduras a los libros canónicos de Ester y Daniel.
Nota: históricamente, la referencia al Concilio de Cartago no se entiende normalmente como una adición a las “Escrituras Hebreas”, sino como una lista eclesiástica de libros aceptados para uso cristiano.

Con todo, no fue sino hasta mucho tiempo después, en 1546, en el Concilio de Trento, cuando la Iglesia Católica Romana confirmó definitivamente la aceptación de estas añadiduras en su catálogo de libros bíblicos.

Los escritores católicos los llaman deuterocanónicos, que significa “del segundo [o posterior] canon”, a diferencia de los proto canónicos.

Concilio de Cártago
Concilio de Cártago

Catálogo de las añadiduras apócrifas

Estas añadiduras fueron: Tobías, Judit, unas añadiduras a Ester, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, tres añadiduras a Daniel, Primero de Macabeos y Segundo de Macabeos.

En resumen, lo que distingue a un libro canónico es su “paternidad literaria divina”, demostrada por su exactitud histórica, su armonía doctrinal y el reconocimiento de otros escritores inspirados, características de las que carecen totalmente los libros apócrifos.

El caso de 1 Juan 5:7

Durante siglos, los líderes religiosos enseñaron que sus versiones en latín contenían el texto auténtico de la Biblia. Por eso añadieron a 1 Juan 5:7, la frase espuria (conocida como la “Comma Johanneum”), la investigación de manuscritos antiguos demuestra que no aparece en ningún códice griego anterior al siglo XIV. Fue una inserción tardía en manuscritos de la Vulgata Latina que no tiene apoyo en el texto original inspirado. Esto demuestra que, aunque una versión sea considerada «oficial» por una institución, solo el análisis de los manuscritos más antiguos y la armonía con el resto de la Biblia permiten identificar qué es auténtico y qué es una añadidura espuria.

Ese error hasta se introdujo en la prestigiosa traducción al español Reina-Valera. Ahora bien, cuando se descubrieron otros manuscritos, ¿qué revelaron estos? El biblista Bruce Metzger escribió: «La frase [en 1 Juan 5:7] no aparece en los manuscritos de todas las versiones antiguas (en siríaco, copto, armenio, etiópico, árabe, eslavo), excepto en latín». Como resultado, versiones revisadas de otras traducciones han retirado la frase incorrecta.

Bruce Manning Metzger (1914–2007) fue un destacado erudito bíblico
Bruce Manning Metzger (1914–2007) fue un destacado erudito bíblico

EL PROYECTO

«Este portal es un repositorio de investigación histórico-bíblica, fruto de años de recopilación y análisis. Se ofrece como recurso de estudio para aquellos interesados en profundizar en los orígenes del cristianismo y el posterior desarrollo de la cristiandad».

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CRÉDITOS

«Obra de carácter divulgativo y académico».

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© 2026 Joan Gutiérrez

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