Origen y desarrollo hasta nuestros días
EL NOMBRE DIVINO > IMPORTANCIA
Son destacables algunos ejemplos en los que se puede ver la palabra “Jehová”. En iglesias y catedrales de Europa, especialmente durante el Renacimiento y el Barroco, se pueden encontrar inscripciones del nombre Jehová, a menudo en hebreo o en su forma latinizada. Estas inscripciones solían aparecer en:
Durante los siglos XVI al XVIII, la forma Jehová se convirtió en un símbolo visual y verbal de Dios en el arte, la arquitectura y la cultura religiosa. Esto ocurrió por varias razones:
La creciente fascinación por los textos hebreos entre los eruditos cristianos del Renacimiento (como los humanistas y los traductores bíblicos) influyó en la incorporación de nombres como Jehová en inscripciones, frescos, vidrieras y fachadas de catedrales. La forma Jehová se usó con frecuencia en estas representaciones. Artistas y arquitectos incluyeron inscripciones con nombres divinos en sus obras, como una forma de glorificar a Dios.
El nombre divino es un elemento ornamental común en edificios religiosos europeos y americanos, a menudo ubicado en lugares de honor como altares, cúpulas y techos.
Esta contradicción puede resultar problemática para muchas personas por varias razones:
El impacto de no usar el nombre de Dios
La omisión del nombre Jehová en la práctica religiosa y las traducciones bíblicas ha tenido varias consecuencias:
Estos solo son algunos ejemplos que muestran que utilizar el nombre Jehová no solo no es ofensivo, sino que realza al Creador y lo distingue con un nombre propio y único. Es por eso que Jesús dijo: “Santificado sea tu nombre”.
¿Tenemos una relación íntima con alguien cuyo nombre personal desconocemos? Para las personas que creen que Dios no tiene nombre, a menudo él es simplemente una fuerza impersonal, no una persona real, no alguien a quien ellas conozcan y amen y a quien puedan hablar desde el corazón en oración. Si oran, sus oraciones son sencillamente una ceremonia, una repetición formalista de expresiones aprendidas de memoria.
También debe notarse la importancia que se da a los nombres en las Escrituras Hebreas y en los pueblos semitas. El Diccionario de la Biblia (edición de Serafín de Ausejo, Barcelona, 1981, cols. 1340, 1341) dice: “Según la concepción antigua y primitiva, el n[ombre] no es sólo lo que designa, caracteriza y distingue de los demás a su portador, sino además un elemento esencial de su personalidad. […] Si el n[ombre] de alguien es invocado o pronunciado sobre una cosa, ésta queda íntimamente ligada con la persona nombrada. […] Si uno invoca sobre alguien el n[ombre] de un ser poderoso, le asegura su protección. (Compárese con Everyman’s Talmud, de A. Cohen, 1949, pág. 24).”
Entonces, ¿cómo podemos mostrar el debido respeto por Aquel a quien pertenece el más importante de todos los nombres? ¿Sería mediante nunca pronunciar ni escribir Su nombre porque no sabemos exactamente cómo se pronunciaba originalmente? Más bien, ¿no sería mediante usar la pronunciación y la forma de escribirlo que sean más comunes en nuestro idioma?
EL PROYECTO
«Este portal es un repositorio de investigación histórico-bíblica, fruto de años de recopilación y análisis. Se ofrece como recurso de estudio para aquellos interesados en profundizar en los orígenes del cristianismo y el posterior desarrollo de la cristiandad».
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