Cristianismo o cristiandad

Origen y desarrollo hasta nuestros días

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Religión y Estado

Constantino presidio el concilio de nicea en 325
Constantino presidio el concilio de nicea en 325
Agustín de Hipona (354-430) fusionó la filosofía platónica con las doctrinas cristianas
Agustín de Hipona (354-430)

El Reino de Dios 'bajó a la tierra

La religión cristiana se transformaría en una institución con mucho poder, aliada con el Estado, o poder político. Tras la muerte de los apóstoles, la esperanza del Reino de Dios sufrió una «terrenalización», al comenzar a identificarse a la propia Iglesia institucional con el Reino de Dios ya establecido en la Tierra, imponiendo la fe mediante el aparato estatal.

Con la absorción de la filosofía griega y la alianza con el Estado, las enseñanzas originales de Cristo fueron sustituidas por una visión que justificaba el poder eclesiástico. El Paraíso fue transferido de la Tierra al cielo.

Esta «reubicación» fue completada por Agustín de Hipona, quien declaró: “La Iglesia es, pues, ahora el reino de Cristo y el reino de los cielos”. Esta enseñanza legitimó la existencia de una iglesia institucional jerárquica y con poder terrenal.

El Surgimiento del Clero y la Jerarquización (Siglos II y III) supuso que términos como epískopos (superintendente) y presbytéros (anciano), que originalmente designaban la misma función, empezaron a separarse. Figuras como Ignacio de Antioquía abogaron por que cada congregación se sometiera a la autoridad de un solo obispo, distinguiéndolo del resto. Como señala el historiador Augustus Neander, en este periodo se institucionalizó el puesto de presidente permanente del cuerpo de presbíteros, reservando para él, el título de epískopos.

Hacia el siglo III, la distinción entre el clero (los que dirigían) y los laicos (el cuerpo pasivo de creyentes) se volvió universal. Bajo la influencia de Cipriano de Cartago, se defendió la autoridad de los obispos como un grupo separado, consolidando lo que se denominó el «único sacerdocio». Este desarrollo dio paso a la doctrina de la sucesión apostólica, que posicionaba a los obispos como herederos directos de los apóstoles y guardianes de la fe.

El proceso de consolidación de este sistema alcanzó su punto de inflexión en el siglo IV mediante la intervención del Imperio Romano. El emperador Constantino, aunque seguidor del Sol Invictus, asumió un papel activo en los asuntos eclesiásticos al convocar el Concilio de Nicea en 325 d.C. A pesar de no ser obispo, Constantino presidió este encuentro y dio forma a la futura relación entre Cristiandad y Estado, llegando incluso a dictar sentencias de exilio para quienes rechazaran el credo oficial.

Posteriormente, en el año 380 d.C., el Edicto de Tesalónica bajo Teodosio I declaró al cristianismo niceno como la única religión oficial del Imperio. A partir de este momento, la cristiandad pasó de ser una comunidad perseguida a una institución con poder para sancionar a otros.

el poder y la corrupción (Edad Media)

La integración con el Estado trajo consigo una profunda asimilación de elementos paganos destinados a facilitar la conversión masiva de los súbditos imperiales. Ornamentos como el incienso, las lámparas, el agua bendita y los ropajes sacerdotales fueron adaptados de cultos antiguos. Hacia finales del siglo IV, los obispos de Roma gozaban de una opulencia comparable a la de la corte imperial. Gradualmente, las iglesias en ciudades importantes como Roma, Alejandría y Antioquía se fueron destacando sobre las demás.

La edad media

Durante la Edad Media, el papado adquirió poder no solo religioso, sino también político. Para justificar su autoridad sobre los reyes de Europa, la cristiandad utilizó documentos falsificados, como la «Donación de Constantino». Estos pretendían demostrar que el emperador Constantino había cedido el control de Roma y de todo el Imperio de Occidente al Papa Silvestre I. Aunque más tarde se demostró que era una falsificación del siglo VIII, durante siglos sirvió para consolidar el poder político del papado.

Riqueza y Simonia

La cristiandad se convirtió en la institución más rica de Europa, acumulando vastas extensiones de tierra, oro y joyas. Esta riqueza a menudo se obtenía a través de medios cuestionables, como la venta de cargos eclesiásticos (simonía) y la venta de indulgencias. Estos cargos eclesiásticos llegaron a ser bienes de mercado a través de la simonía, y los líderes adoptaron estilos de vida lujosos, asimilándose a la opulencia de las cortes imperiales

Los cargos más altos eran objeto de feroces disputas, como la batalla electoral por el obispado de Roma en 366 entre Dámaso y Ursino, que terminó con 137 cadáveres en una iglesia. El cristianismo se había transformado en una cristiandad institucional con una jerarquía vertical rígida, centralizando el poder y creando unos obispos en figuras de autoridad absoluta.

Venta de indulgencias
Venta de indulgencias

Bajo los emperadores Nerón, Decio y Diocleciano los cristianos eran considerados una amenaza social y política por negarse a adorar a los dioses romanos y al emperador.

Pero en menos de ochenta años el cristianismo había pasado de ser perseguido durante el gobierno del emperador Diocleciano (244-313), a disfrutar de la libertad de culto garantizada por el Edicto de Milán de 313 dictado por Constantino el Grande donde se establecía que «a los cristianos y a todos los demás se conceda libre facultad de seguir la religión que a bien tengan».

La figura de la autoridad eclesiástica superior se consolidó, especialmente con Constantino y el Concilio de Nicea en 325 EC, fusionando la Iglesia con el Estado.

En 312 d.C., Constantino, el emperador romano, se convirtió al ‘cristianismo’ tras su victoria en la batalla del Puente Milvio. Según la tradición, Constantino vio una visión de la cruz antes de la batalla, lo que lo llevó a adoptar el ‘cristianismo’ como su religión personal. Tras su victoria en la Batalla, atribuyó su éxito al Dios cristiano y comenzó a favorecer al ‘cristianismo’. Este cambio transformó a la Iglesia de una organización perseguida a una organización apoyada por el Estado romano.

En el año 313 d.C., con el Edicto de Milán, legalizó el ‘cristianismo’ y lo favoreció sobre otras religiones. Este evento fue crucial, ya que convirtió al ‘cristianismo’ de una religión perseguida a una religión permitida y dominante.  Con el Edicto de Milán, Roma se convirtió en un lugar clave para el desarrollo de la cristiandad, aunque Constantinopla, fundada como la «Nueva Roma», también adquirió importancia.

Constantino no solo permitió que el desarrollo de la cristiandad, sino que también se convirtió en un patrocinador de ella. Esta situación transformó profundamente la relación entre la religión y la política.

Se estableció una iglesia universal, dándole una plataforma estatal que favoreció su expansión y organización. Bajo Constantino, la Iglesia y el Estado, comenzaron un idilio que duraría hasta nuestros días.

Constantino en batalla y su vision de la cruz
Constantino y su vision de la cruz

El fin de Constantino era usar la religión como una fuerza unificadora para su imperio. Para lograr esto, dio privilegios a los obispos y los hizo parte de la maquinaria del poder.

Esta alianza elevó el valor de la jerarquía clerical y rápidamente introdujo la ambición y la codicia. El hecho de que la Iglesia albergara a este emperador «extraño megalomaníaco» no está claro si fue el imperio el que se rindió al ‘cristianismo’ nominal’ o este se prostituyó al imperio.

La Intervención Estatal en la religión se hizo evidente cuando Constantino, quien era adorador del Sol Invictus, no esperó que la Iglesia resolviera sus problemas internos. Convocó el Concilio de Nicea en 325 d.C., y aunque él mismo no era obispo, presidió y dio forma al evento.

Cuando los obispos depuestos (arrianos) se negaron a firmar el Credo de Nicea, Constantino añadió una sentencia de exilio. Este acto sentó el funesto precedente de que el Estado intervendría para asegurar la ortodoxia, lo que significó que el Estado decidía qué dogma debía prevalecer y cuál ser perseguido. Los obispos, en un acto de agradecimiento y cálculo político, permitieron que Constantino se inmiscuyera en el terreno puramente eclesiástico.

Constantino financió la construcción de iglesias importantes, como la Basílica de San Pedro. Bajo su mandato, se construyeron importantes basílicas en Roma, como la Basílica de San Juan de Letrán.

Constantino dio privilegios al clero, incluyendo exenciones fiscales. Lo que hizo Constantino para consolidar la iglesia incluyó introducir cambios clave cuando supuestamente se convirtió al ‘cristianismo’ (aunque nunca abandonó sus prácticas paganas).

Con todo el poder del Imperio Romano la cristiandad encabezaría ahora la persecución contra paganos y herejes.

Constantino y la Basílica de San Juan de Letrán
Constantino y la Basílica de San Juan de Letrán

Los Caballeros del Temple se fundaron en 1119. Esta institución se constituyó como una orden militar y religiosa, integrando en una sola figura la disciplina del monje y la función del soldado.

Funcionaban como una entidad eclesiástica armada, creada con el propósito de defender los territorios cruzados y proteger los intereses del papado. Debían garantizar la seguridad de las rutas, la custodia de fortalezas y la protección de los peregrinos, participando activamente en batallas bajo una bandera estrictamente religiosa.

Para sostener esta estructura de control y poder, los caballeros se vinculaban a la institución mediante votos solemnes que incluían el combate hasta la muerte por la cristiandad y una obediencia directa y exclusiva al Papa. Este compromiso los distinguía de otras fuerzas de la época, consolidándolos como una élite dedicada a la defensa de la fe.

El crecimiento de la orden fue impulsado por una serie de concesiones y prerrogativas especiales otorgadas por los sucesivos pontífices. Los papas les dotaron de un marco legal privilegiado que les otorgaba independencia de las autoridades civiles, el derecho a recaudar donaciones y la exención del pago de impuestos. Bajo la denominación de «milicia de Cristo», les permitió acumular un poder militar y económico sin precedentes. Sin embargo, esta acumulación de influencia y recursos acabó generando el inicio de su declive.

Su desaparición se debió a intereses políticos y financieros. El factor determinante fue la situación del rey Felipe IV de Francia, quien, al encontrarse gravemente endeudado con la orden, determinó que resultaba más ventajoso procesar a la institución por cargos de herejía que satisfacer sus deudas.

La caída se precipitó mediante una acción coordinada: con la colaboración del papa Clemente V, en el año 1307 se iniciaron las detenciones masivas y las sesiones de tortura contra sus miembros. Este proceso culminó en 1312 con la disolución oficial de la Orden del Temple.

Templarios en la edad media
Los Templarios

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